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Blog Jesús Nazareno de Medinaceli

Adviento

En la reflexión que precede al Ángelus dominical, Benedicto XVI habló del Adviento, que abre el año litúrgico. En Adviento, “se despierta en los corazones la espera del regreso de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal”. 

El Papa citó el Evangelio de hoy en que Jesús invita a los discípulos a “velar”, subrayando que se trata de “un llamamiento saludable para recordarnos que la vida no tiene sólo una dimensión terrena, sino que está proyectada a un ‘más allá’”. 

“También Isaías, el profeta del Adviento, nos lleva a reflexionar con una plegaria que dirige a Dios en nombre de su pueblo”, prosiguió el pontífice. “Reconociendo los errores de su gente, en cierto momento dice: “No hay quien invoque tu Nombre, quien se levante para serte fiel, pues nos has escondido tu rostro y nos has dejado a merced de nuestras iniquidades” ¿Cómo no conmoverse ante esta descripción? Parece reflejar algunos panoramas del mundo post-moderno: las ciudades en que la vida se vuelve anónima y horizontal, en donde Dios parece ausente y el hombre es el único patrón, como si fuera el artífice y el director de todo: las construcciones, el trabajo, la economía, los transportes, las ciencias, la técnica, todo parece depender sólo del hombre. Y a veces, en este mundo que resulta casi perfecto, suceden cosas tremendas, tanto en la naturaleza, como en la sociedad, ante las cuales pensamos que Dios se ha retirado, abandonándonos a nosotros mismos”. 

“En realidad, el verdadero “patrón” del mundo no es el hombre, sino Dios. El Evangelio dice: ‘Velad, porque no sabéis a que hora volverá el señor de la casa, si por la tarde o a medianoche, al canto del gallo o de madrugada. No sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos’. El tiempo de Adviento viene cada año para recordarnos esto, para que nuestra vida encuentre nuevamente la orientación justa hacia el rostro de Dios. El rostro no de un ‘patrón’, sino de un Padre y de un amigo”, concluyó Benedicto XVI. 

Después de la oración mariana, el Papa recordó que mañana se abre en Durban (Sudáfrica), el congreso de la ONU sobre el cambio climático y el Protocolo de Kyoto. “Espero que todos los miembros de la comunidad internacional den una respuesta responsable, creíble y solidaria a este fenómeno, complejo y preocupante, teniendo en cuenta las exigencias de las poblaciones más pobres y de las generaciones futuras”, dijo.

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