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PRIMER VIERNES DE MARZO

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SOLEMNE TRIDUO DE MARZO A JESÚS DE MEDINACELI,


PREPARATORIO PARA EL PRIMER VIERNES DE MARZO

HORARIO: 19:30 Santo
Rosario, Triduo y Eucaristía con predicación del P. José Martínez de la Torre,
del convento de Santander.

 

A continuación Besa Píe de la
imagen.

 

El día 2 la Basílica permanecerá cerrada para preparar
el Templo para el día 3.

Los cultos de ese día se celebran en la
Cripta.

 

PRIMER VIERNES DE MARZO
La Basílica se mantendrá abierta desde las 0 horas
a las 24 horas para la veneración y besapíe de la Imagen.

 

Habrá misas en la Basílica: cada media hora desde
las 00:00 h. hasta las 14:00 horas y desde las 17:00 a las 21:00 h. cada
hora.

 

Misas en la Cripta: 17:30, 18:30 y
19:30.

 

** La parte musical de
los cultos en el Triduo, corre a cargo de la Escolanía de Ntro. Padre Jesús y
del organista de la Basílica, Luis Villazón Fernández de Velasco.

 

 


1º VIERNES DE MARZO

 

Miles de fieles
acudirán a su tradicional cita del primer viernes del mes de marzo para venerar
y dar culto a la imagen del Cristo de Medinaceli, en la Basílica de los PP.
Capuchinos en Madrid, Plaza de Jesús, 2.
Desde las 11,30 horas de la noche
las puertas de la Basílica se abrirán para dejar paso a los fieles que esperan
en la puerta del templo para ser los primeros en besar los pies del Cristo,
rezarle o participar en las Eucaristías. La primera de ellas comenzará a las
12,00 de la noche, la siguiente a las 12,30 horas, y otra a la 1,00. Hasta las
6,00 horas de la madrugada, las Eucaristías se celebrarán cada hora, y desde las
6,00, durante todo el viernes, habrá Misa cada media hora. En total, se
celebrarán cerca de 30 Eucaristías, hasta las 21,00 horas. Todos los esclavos
pueden subir a besar al Cristo.Como todos los años, asistirá a una de las
Eucaristías una representación de la Casa Real.
Jesús de Medinaceli :
La
imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, pertenece a la Escuela Sevillana, taller
de Juan de Mesa o alguno de sus discípulos: Luis de la Peña o Francisco de
Ocampo. Tallada en la primera mitad del siglo XVII en Sevilla, fue llevada por
los Capuchinos a la plaza fuerte de Mehdía o Mámora (Marruecos), para culto de
los soldados españoles. En abril de 1681, cae prisionera de los moros, la
arrastran por la calles de Mequinez, y la rescatan los Trinitarios, llegando a
Madrid en el verano de 1682. Llega con fama de milagrosa. Ese mismo año se
organiza la primera procesión a la que asiste el "todo Madrid", pueblo fiel,
nobleza y casa real. Desde entonces todos los años, en la gran romería del
primer viernes de marzo, asiste algún miembro de la familia real a rezar al
Nazareno. Debido a diversos avatares históricos, la imagen ha recorrido varias
iglesias de Madrid y en los años 1936-1939 fue trasladada a Valencia, Cataluña y
Francia, para terminar en Ginebra (Suiza), participando juntamente con todo el
tesoro artístico español en una gran exposición de arte en el Palacio de la
Sociedad de Naciones. Terminada la contienda española regresará a su iglesia de
la plaza de Jesús, en Madrid, donde es visitada continuamente por sus fieles y
seguidores.
Veneración :
Los viernes son días especiales para venerarla.
La Iglesia recuerda en ese día la pasión y Muerte de Cristo, y desde el
principio se vio que los madrileños se acercaban ese día en mayor número a
reconciliarse con Dios, a participar en la Eucaristía y a besar el pie de la
imagen del Nazareno. La Efigie representa el momento en que Pilatos,
dirigiéndose al pueblo judío, le dice: "Ecce Homo, he aquí al Hombre". En la
jornada del Viernes Santo, el Cristo de Medinaceli devuelve la visita a los
madrileños en una emocionada e impresionante procesión que presencia medio
millón de personas.
Iglesia-Basílica de Jesús de Medinaceli
La Iglesia
actual de Jesús de Medinaceli fue consagrada solemnemente el 21 de noviembre de
1930 por el obispo de Madrid D. Leopoldo Eijo Garay. Habían precedido varias
capillas a lo largo de los siglos, donadas por los Duques de Medinaceli. La
iglesia fue erigida en parroquia el 26 de enero de 1966 por el obispo D.
Casimiro Morcillo. El Papa Pablo VI elevó el templo a Basílica menor, el 1 de
septiembre de 1973.

 

Primer viernes, de encuentros evangelio
y la vida están llenos de encuentros con Jesús. Nos hablan de El, conducen hacia
El. Nos orientan. No nos piden que vengamos a sus plantas para arrojar unas
súplicas a sus pies. Se nos pide sencillamente que vengamos a El, a su
encuentro.

 

El encontradizo

 

A lo largo del Evangelio hallamos
encuentros llamativos.

 

De una manera especial me choca el que
tuvo Jesús con la samaritana. No nos queda de ella ni el nombre. Es la
samaritana. Nada más. Una mujer anónima.

 

Cada día acude a aquel pozo porque
necesitan beber ella y los suyos. Aquella mañana halla a un forastero sentado en
el brocal del pozo. Era cerca del mediodía. Llega una mujer a sacar agua. ¡Así
se produce el encuentro de Jesús y la sa maritana! Ella también llega cansada.
Desearía liberarse del cansancio, del peso, del vacío.

 

Jesús le habla. Comenzó sembrando
inquietud en la mujer. Jesús pasa a ser el que ofrece, el que hace alusión a un
don misterioso, y de pronto le ofrece una pregunta y una afirmación: "¿Esperas
al Mesías? Pues bien, yo soy, el que habla contigo"

 

por lo que tú nos has dicho; nosotros
mismos le hemos oído y estamos convencidos de que éste es de verdad el Salvador
del mundo". Ha habido encuentros. Con la samaritana y luego con los
samaritanos.

 

¿Consecuencia? La conversión de ella...
y de ellos.

 

E! buscado

 

 

El nombre de quien tanto se habla ha
llegado a Jericó. Se va abriendo camino sin títulos ni apellido: Jesús de
Nazaret.

 

Le acompaña una sospecha: ¡Podría ser el
Mesías prometido!

 

Su eco llega hasta al banco de los
tributos, donde Zaqueo cuenta dinero, sufre y sueña. San Lucas nos lo presenta:
"Había allí un hombre llamado Zaqueo".

 

Al oír que Jesús está en Jericó, cierra
la oficina a toda prisa y corre en su búsqueda. Se va acercando por detrás del
gentío. Su estatura le impide ver. Buscando un recurso llega a las afueras de la
ciudad a un lugar conocido: un viejo sicomoro al que había trepado tantas veces
siendo niño. Ahora también se eleva hasta allí.

 

El gentío va pasando. Por fin Zaqueo ve
que llega Jesús, que se detiene junto a él, justo debajo de él... Jesús levanta
su mirada hacia el árbol y, como si se tratara de un viejo amigo, le dice:
-"Zaqueo, baja rápido. Hoy quiero hospedarme en tu casa".

 

Así se produce el encuentro, la comida
familiar. De pronto Zaqueo, se pone de pie y dice:"Señor, doy la mitad de mis
bienes a los pobres, y, si a alguno le he defraudado, le devuelvo el
cuádruple".

 

Era la conversión, consecuencia del
encuentro.

 

La fe parte de un encuentro. Todo
encuentro debe producir cambios. Una fe que no transforma es falsa. Nadie puede
dejar que Jesús entre en su vida sin comenzar todo un programa de cambios.
Primer viernes de marzo. Un día de encuentros. Jesús y nosotros. ¿Debemos
cambiar?

 

El dialogo se desarrolla sin concesiones
a la facilidad, bajo el signo de la comprensión, de la acogida. Somete a crítica
el comportamiento de la mujer. Ella ve la necesidad de conjugar el verbo
"cambiar" hasta sus últimas consecuencias. Ha sembrado en su alma inquietud.
Tanta que deja el cántaro y se va a la ciudad a decirle a la gente: "Venid a ver
un hombre que me ha adivinado todo lo que yo he hecho. ¿Será éste el
Mesías?"...

 

 

 

 Como cada primer viernes de marzo desde 1682, un miembro de la
familia Real acudió ayer venerar al Cristo de Medinaceli. En esta ocasión fue la
Reina la que rezó en la Iglesia de Medinaceli en el barrio madrileño de Las
Letras. En los alrededores del templo, centenares de madrileños aguardaron para
saludar a doña Sofía y poder cumplir también ellos con la peregrinación. La
última vez que la Reina cumplió con la tradición fue hace cinco años. El año
pasado, el Rey madrugó para rezar a Jesús Nazareno después de diez años sin
acudir a la Iglesia de Medinaceli.
A lo largo de esta semana, varios cientos
de personas se fueron incorporando a la cola para entrar a besar los pies de la
imagen sagrada, que ayer llegaba hasta la calle Atocha. Hubo quien llegó a pagar
por un puesto en la fila, pues los más «madrugadores» llevaban días guardando un
sitio. «Cada año viene más gente a venerar al Cristo», observaba Luis Vidal,
miembro desde hace quince años de la Archicofradía primaria de la real e ilustre
esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno «Cristo de Medinaceli».
Tres
deseos. Luis permaneció desde las once de la noche del jueves, hora en la que se
abría la Iglesia a los peregrinos, hasta las seis de la tarde de ayer abriendo
el paso a los devotos con niños muy pequeños y con problemas de movilidad. «Soy
del norte y aquí aguanto sin desayunar -comentaba- le rezo a la Virgen de
Covadonga y al Cristo de Medinaceli». A este asturiano la devoción le viene
desde pequeño, en su Gijón natal, y se emociona cuando piensa en los tres ruegos
que le hace al Jesús madrileño: «Salud, tranquilidad y bienestar». Según manda
la tradición, al Cristo de Medinaceli hay que pedirle tres deseos al besar sus
pies, uno de los cuales, según dicen los más devotos, siempre se cumple.
«Después hay que volver para darle gracias, yo tengo mucho que agradecer»,
explicaba María del Castillo, «Maruchi», fiel desde hace más de 50 años a Jesús
de Medinaceli. «Vengo todos los viernes del año, incluso arreglo las vacaciones
y cojo sólo ocho días para venir a rezar, andando desde el Puente de Segovia»,
aseguraba.
La devoción de Maruchi se remonta a su abuela Sabina, a la que
acompañaba a rezar al Cristo; su madre también iba a la céntrica Iglesia desde
antes de la Guerra Civil. Ayer, en la cola, Maruchi estaba acompañada por su
hermana, su cuñado, sus hijos, sus nietos, su nuera, la madre de su nuera y
amigas de ésta. «Ves como tengo muchas cosas que agradecer, estar en 2006
acompañada por una familia como esta», exclamaba Maruchi, que sólo ha dejado de
venir a rezar los tres meses que pasó su marido enfermo, antes de fallecer.
«Entonces vimos por televisión la procesión, llorando los dos -recordaba- y
pienso venir hasta que me muera». Alicia, nuera de Maruchi que la trajo a rezar
al Cristo de Medinaceli hace cinco años, ya ha comprobado la benevolencia de la
imagen. «Pedí aprobar la oposición y me lo concedió, ahora voy a pedir conseguir
la plaza», cuenta. Toda la familia pide salud y que sigan como están. A Cecilia
y María Teresa, esta última de Las Palmas de Gran Canaria, también les ha
concedido algún deseo el Nazareno madrileño. «Vengo porque tengo la vida
oscurísima, pero tengo fe y por lo menos pedir me da muchísima tranquilidad»,
explica Cecilia, una madrileña que también acude cada viernes a la Iglesia. Las
dos han pedido por sus hijos y María Teresa por su nieto, que nació el
jueves.
Horas en la cola. A la una de la tarde, muchos madrileños esperaban
la cola, haciendo turnos para ir al baño o a tomar café y preparando los
bocadillos para comer mientras avanza la gente. «Hemos venido doce personas de
Madrid y Toledo, llevamos desde las nueve y media en la cola y aún estamos en la
calle Alameda» (a varias manzanas de la Iglesia) señalaba, Ezequiela Rodríguez,
que se había encontrado en la cola con un grupo de
valencianos.
«Yo no soy de iglesias ni de
misas, pero vengo a ver a Jesús desde hace ocho años y mi tía hace más de
cuarenta», explica Ezequiela, y añade que su familiar recuerda que antes no
había tantas colas, sino que la gente esperaba a pocos metros de la Iglesia.
«Debe haber más devoción, se ve más gente y de todo tipo», observa. Gracia, una
joven cofrade que ordena la entrada de gente desde hace tres años también cree
que ha aumentado el número de devotos. «Habrá mucho más que pedir»,
aventura.
La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno (Jesús de Medinaceli),
pertenece a la Escuela Sevillana, taller de Juan de Mesa o de alguno de sus
discípulos: Luis de la Peña o Francisco de Ocampo. Tallada en la primera mitad
del siglo XVII en Sevilla, fue llevada por los Capuchinos a la plaza fuerte de
Mehdía o Mámora (Marruecos), para culto de los soldados españoles.
En abril
de 1681 la imagen es capturada por un grupo de árabes y rescatada por los
Trinitarios, llegando a Madrid en el verano de 1682. Ese mismo año se organiza
la primera procesión a la que asiste tanto pueblo como nobleza y Casa Real.
Desde entonces todos los años, en la gran romería del primer viernes de marzo,
acude algún miembro de la Familia Real a rezar al Nazareno.
La efigie del
Cristo de Medinaceli sale a la calle durante la procesión del Viernes Santo de
la Semana Santa madrileña y es la que más ciudadanos congrega de todas las que
se celebran en la capital.

 

 

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gravatar.comAutor: rosalia

que imajen tan linda la pena es que no puedo acudir al lavado de pies en su ndia pues vivo em GRAN CANARIAS Y YO SOLO PIDO QUE MI MADRE SE MEJORE para que pueda estar alegre saludos

Fecha: 27/03/2011 00:39.


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